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Al escuchar a académicos afirmar, durante un panel reciente, que el Open Finance no estaba siendo utilizado, Leandro Vilain, presidente de la Asociación Brasileña de Bancos (ABBC), tenía preparado un contraargumento.
“¿Entonces hacemos 12.000 millones de llamadas sin motivo, todas las semanas? ¿Cómo pueden decir que no se está utilizando?”, respondió, al recordar la escena durante una entrevista con Forbes Brasil.
En el Open Finance, cada llamada corresponde a un intercambio automático de información entre instituciones. Cuando un banco o una fintech consulta, con la autorización del cliente, datos almacenados por otra institución, o inicia un pago mediante el sistema, se registra una llamada.
Las 12.000 millones de llamadas semanales mencionadas por Vilain muestran, por lo tanto, hasta qué punto esta infraestructura se utiliza detrás de escena, aunque el consumidor no lo perciba.
Regulado por el Banco Central, el Open Finance permite que el cliente autorice el intercambio de sus datos financieros entre bancos, fintechs y otras instituciones. También posibilita la iniciación de pagos sin que el usuario tenga que acceder a la aplicación del banco en el que mantiene su cuenta.
La promesa es devolver al consumidor el control sobre su propia información y, a partir de ello, ampliar la competencia y abrir espacio para productos personalizados. Cinco años después del inicio de su implementación en Brasil, el sistema se transformó en una infraestructura a gran escala, aunque todavía permanece casi siempre invisible para el cliente, que utiliza los servicios sin percibir el engranaje que funciona detrás de ellos.
Según Vilain, el sistema ya superó los 110 millones de consentimientos únicos. La cifra alcanza aproximadamente 160 millones cuando se consideran todos los consentimientos. El volumen de llamadas oscila entre 10.000 millones y 12.000 millones por semana. “Creo que todo esto demuestra el éxito del Open Finance”, afirma.
Brasil no fue el primer país en adoptar el modelo. Vilain recuerda que el diseño inicial se inspiró en el Reino Unido, donde el proyecto comenzó como una solución para el intercambio de información entre siete instituciones financieras. El sistema fue resultado de un acuerdo con el regulador de conducta y atendía a una base de aproximadamente 10 millones de clientes.
“Esa también es la ventaja de no ser el primero. Puedes ir corrigiendo las cosas y hacerlo mejor”, señala.
En opinión del ejecutivo, las adaptaciones realizadas a lo largo del camino llevaron a Brasil a ocupar una posición de liderazgo. El Open Banking británico, que sirvió de inspiración, reúne actualmente alrededor de 13 millones de usuarios activos. El ecosistema brasileño, por su parte, supera los 100 millones de clientes o cuentas conectadas.
El Global Open Finance Index, elaborado por Open Banking Excellence junto con la Universidad de Oxford y socios como el Banco Mundial, colocó a Brasil en la segunda posición, por detrás del Reino Unido. Elaborado a partir de las percepciones de más de 400 especialistas de 23 mercados, el estudio proyectó que el país asumiría el liderazgo mundial en 2023 o, como máximo, en 2024.
Las ediciones posteriores del Índice de Madurez del Open Finance en Brasil, elaborado por Capgemini, reforzaron esta posición. En 2024, el estudio calculó que el ecosistema brasileño tenía un nivel de madurez del 77%, porcentaje cercano al de mercados de referencia como el Reino Unido y Australia.
La tercera edición, publicada en 2025, consultó a más de 1.200 personas y contó con un comité ejecutivo en el que participaron el Banco Central y Open Finance Brasil. El estudio señaló al país como líder mundial en esta agenda.
Brasil se convirtió en una referencia y, según Vilain, recibe consultas frecuentes de participantes extranjeros. “Todo el tiempo recibimos preguntas de otros participantes: Europa, Estados Unidos, Chile y Colombia”, afirma.
Lo que el país comparte no es propiamente la tecnología, sino el modelo y el conocimiento acumulado. “No exportamos el código, sino el modelo y el conocimiento.”
Vilain relaciona el avance del Open Finance con una ventaja más amplia de Brasil en tecnología bancaria. “Es un caso de éxito absoluto”, afirma. “Nuestras aplicaciones son mucho mejores que las aplicaciones de los bancos europeos o estadounidenses.”
Entre Pix, los pagos sin contacto y la biometría, el país se encuentra, en su evaluación, “a la vanguardia” de los medios de pago.
El presidente de la ABBC no duda al realizar la comparación. “Es, por amplio margen, el mayor mercado de Open Finance del mundo”, afirma. “Es un modelo que funcionó muy bien aquí en Brasil y que impulsó enormemente la competencia.”
Para dimensionar la transformación, recurre a un paralelismo histórico: “Compararía el impacto sobre el sistema financiero con la llegada de internet al sistema bancario. Creo que alcanza ese nivel.”
Para describir la etapa actual del Open Finance, Vilain utiliza la metáfora de un juguete de piezas encajables.
“Es como tener un Lego. Tienes las piezas y, con ellas, vas construyendo distintos productos”, explica.
Cada funcionalidad opera como una pieza. La agregación de datos de varias cuentas en un único lugar es una de ellas. La iniciación de pagos es otra. El Pix sin contacto, que ya ofrece Google, funciona sobre esta infraestructura sin que el usuario lo perciba.
Al combinar estas piezas, las instituciones pueden desarrollar nuevos servicios.
Vilain menciona un caso concreto. Nubank avisa al cliente cuando una cuenta que mantiene en otra institución entra en descubierto y le ofrece realizar una transferencia para cubrir el saldo negativo.
“Le dice: mira, tu cuenta en Itaú está en negativo y estás entrando en el sobregiro. Entonces se ofrece a transferir el dinero para evitarlo”, describe. “Aquí, el Open Finance crea una facilidad muy importante para el consumidor.”
Para las instituciones, la ganancia se encuentra en la velocidad con la que pueden lanzar nuevas ofertas. “Tomo una funcionalidad de aquí, otra de allí, construyo un producto y ya puedo ofrecérselo al cliente”, afirma Vilain. El ejecutivo considera que el modelo resulta ventajoso tanto para la sociedad como para el sistema financiero.
Para Vilain, la invisibilidad del sistema es una característica, no un defecto. A diferencia de Pix, que posee una marca reconocible y permite acompañar el dinero desde que sale de una cuenta hasta que llega a otra, el Open Finance funciona detrás de escena. “Ni siquiera necesita saberlo. Está recibiendo el servicio”, afirma al referirse al cliente.
Según el ejecutivo, el usuario solo necesita tener conciencia de que autorizó el intercambio de información. “Necesita saber que otorgó el consentimiento y que las cosas están funcionando. Eso es lo que necesita y lo que puede comprender.”
Vilain considera que el modelo brasileño de gobernanza del Open Finance es único. El sistema obtuvo una estructura formal, con su propio registro empresarial, a través de la Asociación Open Finance Brasil.
La entidad reúne a las principales organizaciones del sector en un consejo de administración. “Todas las asociaciones están representadas en ese consejo y las decisiones se toman de manera colectiva”, explica. “Esto dio mucho más rumbo a las propias definiciones y al avance regulatorio.”
La coordinación está a cargo de un equipo dedicado que, según la estimación de Vilain, está formado por entre 100 y 120 personas, incluidos técnicos y directores. Febraban, por su parte, informa que participan más de 150 colaboradores de los bancos, además del equipo de apoyo.
Vilain no subestima la dificultad de reunir a competidores alrededor de una misma mesa. “Imagínate colocar a 13 o 15 competidores en la misma sala para discutir prioridades. No es fácil”, afirma.
El ejecutivo atribuye una parte importante de los resultados a la presidenta de la asociación, Ana Carla Abrão. “Ha realizado un trabajo extraordinario para coordinar a los participantes y buscar consensos.”
Vilain atribuye parte de la adopción del Open Finance a Pix y al perfil del consumidor brasileño, al que describe como “altamente conectado”, a pesar del costo de los dispositivos y de los planes de datos.
Según el ejecutivo, Pix consolidó la digitalización y modificó los hábitos de la población. Algunas fintechs ni siquiera desarrollaron la funcionalidad de transferencia electrónica tradicional, porque el sistema de pagos instantáneos ya cubría esa necesidad.
El proceso de entrada de recursos, o cash-in, que anteriormente se realizaba mediante transferencias bancarias o boletos de pago, pasó a ser instantáneo. Memorizar el número de la cuenta también perdió relevancia ante el uso de las claves Pix.
“Antes éramos jóvenes que sabíamos de memoria el número de la cuenta, el banco, la sucursal y la cuenta. Hoy no tenemos la menor idea”, compara.
Vilain también presenta una estimación sobre el uso de dinero en efectivo, aunque aclara que no existe un estudio formal reciente sobre el tema. Antes de Pix, según señala, las transacciones en efectivo representaban alrededor del 39% del PIB.
“Imaginamos que ahora se encuentra entre el 20% y el 23%”, afirma, atribuyendo la caída al sistema de pagos instantáneos. “En los grandes centros urbanos, la población joven ya ni siquiera lleva dinero en efectivo en la cartera.”
Uno de los cambios más recientes es la denominada jornada optimizada, vigente desde el 22 de junio de 2026. Esta funcionalidad permite que las billeteras digitales muestren el saldo y el límite disponible en la cuenta antes de que se complete el pago.
Hasta entonces, el cliente que conectaba una cuenta a una billetera digital para utilizar Pix sin contacto autorizaba únicamente el movimiento de los recursos. Ahora también puede optar por compartir el saldo y el límite disponible.
De esta forma, en el momento de la compra, la aplicación puede indicar si existe dinero suficiente para completar la operación. El objetivo del Banco Central es reducir los errores por falta de saldo, una de las principales causas de pagos no concluidos.
Vilain describe el avance desde la perspectiva del consentimiento. Antes eran necesarias dos autorizaciones: una para consultar el saldo y otra para mover los recursos de la cuenta.
“Lo que permitió la jornada optimizada es que, mediante un único consentimiento, se puedan otorgar las dos autorizaciones. Tiene mucho más sentido”, afirma.
De acuerdo con las reglas del Banco Central, el cliente debe seleccionar activamente esta opción, que no aparece marcada previamente. El consentimiento puede revocarse en cualquier momento.
La jornada optimizada se suma a otros cambios, como la eliminación del límite predeterminado de 500 reales para Pix sin contacto y la creación de transferencias inteligentes entre cuentas pertenecientes al mismo cliente.
Estas iniciativas forman parte de un movimiento más amplio: transformar el Open Finance, inicialmente orientado al intercambio de datos, en una infraestructura dedicada también a la iniciación y ejecución de pagos.
Otro avance destacado por Vilain es la portabilidad de crédito. Según explica, esta operación es común en Europa y Estados Unidos, donde se conoce como balance transfer, pero nunca alcanzó una escala significativa en Brasil debido a la complejidad del proceso.
El ejecutivo explica el mecanismo mediante el ejemplo de un crédito hipotecario contratado antes de una reducción de las tasas de interés. En este tipo de operación, otra institución financiera se ofrece a asumir el saldo pendiente, aplicando una tasa más baja.
Para que la transferencia pueda completarse, el banco de origen debe informar el saldo deudor, tener derecho a realizar una contraoferta e intentar retener al cliente. En los canales tradicionales, esta secuencia resulta difícil de ejecutar.
“El Open Finance llega precisamente para facilitar este movimiento de manera electrónica”, afirma Vilain. “Es positivo para el cliente, porque ya tiene una deuda y existe otro banco dispuesto a ofrecerle una tasa más baja. Es una ganancia enorme.”
Ante el nivel récord de endeudamiento de las familias, Vilain considera que el aumento de la competencia también podría producir efectos macroeconómicos.
Caixa Econômica Federal fue la primera institución habilitada para ofrecer el servicio, inicialmente para créditos personales sin garantía. El Banco Central prevé extender la modalidad a los créditos consignados de los funcionarios públicos federales en noviembre de 2026.
La posición de la entidad sobre el tema es explícita. “Desde la ABBC somos ampliamente favorables a este tipo de competencia, siempre que genere beneficios para el consumidor dentro de un escenario de igualdad regulatoria”, afirma Vilain. Para el ejecutivo, la regla “debe valer para todos y no puede haber excepciones”.
Vilain considera que el Open Finance ofrece una respuesta a un problema estructural de Brasil: la dificultad de conceder crédito debido a la falta de información.
“La gran dificultad en Brasil es conceder crédito. Tenemos una enorme carencia de bases de datos”, afirma. Según el ejecutivo, incluso una operación sencilla, como el análisis necesario para emitir una tarjeta de crédito, se enfrenta a la escasez de información disponible.
El mismo razonamiento se aplica a las empresas. Sin información suficiente, el banco adopta una postura más conservadora. Aumenta la morosidad, disminuye la oferta de crédito y se limita la actividad económica. “El Open Finance llega precisamente para cubrir esta brecha provocada por la falta de información”, resume.

Al hablar sobre los límites del sistema y el papel de la inteligencia artificial, Vilain proyecta un cambio de enfoque. Después de años dedicados a crear funcionalidades percibidas por el cliente, el Open Finance entraría ahora en una etapa orientada a mejorar la eficiencia interna.
“Con 12.000 millones de llamadas por semana, es prácticamente imposible procesar ese volumen de datos de manera tradicional. Es necesario comenzar a incorporar inteligencia artificial dentro de este proceso”, afirma.
En su evaluación, el próximo ciclo será menos perceptible para el usuario y estará más concentrado en la ingeniería de la infraestructura. Para explicar este cambio, compara el sistema con un restaurante en expansión.
“Esto es como un restaurante. Vas ampliando el restaurante y llega un momento en el que necesitas preparar la cocina”, afirma. “El cliente no está viendo lo que ocurre dentro de la cocina.”
Vilain también cuestiona la propia cifra que el sector suele celebrar. Las 12.000 millones de llamadas semanales pueden indicar no solo un alto nivel de uso, sino también ineficiencia.
“¿Realmente deberían existir estas 12.000 millones de llamadas todas las semanas o las instituciones están consultando demasiado las API por falta de eficiencia?”, cuestiona.
Cada consulta consume recursos de infraestructura, almacenamiento y procesamiento de datos. Desde la perspectiva del ejecutivo, el desafío de los próximos años será hacer que el sistema sea más eficiente sin perder la escala ya alcanzada.
“Esto no tiene fin. Se pueden seguir inventando cosas, pero hay que tener cierto cuidado para no crear algo que el mercado no sea capaz de absorber”, pondera.
El uso de inteligencia artificial sobre la base del Open Finance ya aparece en las discusiones del sector. La convergencia entre ambas tecnologías se considera una de las áreas con mayor impacto potencial durante la próxima etapa.
Entre las posibilidades se encuentran los modelos predictivos capaces de anticipar las necesidades de crédito antes de que el cliente presente una solicitud. La agenda mencionada durante la entrevista también contempla una integración con Pix y Drex hasta 2029.
Para Vilain, el ritmo de evolución no debería disminuir. “Esto nunca va a terminar, siempre seguimos avanzando”, afirma. “Todo se hizo de manera muy acelerada. Todo este ecosistema creció muy rápido.”
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